Cuando la historia se repite
Vierne5/ Editorial
El destino de Bashar al Assad es un espejo en el que Maduro y sus secuaces deberían verse.

El dictador sirio, Bashar al Assad, huyó. Sus padrinos y protectores, Rusia e Irán, no lograron salvarlo, ocupados como están en sus propios conflictos y debilidades. Este es un recordatorio brutal para todos aquellos que depositan su destino en el supuesto salvavidas de Moscú o Teherán: confiar en ellos puede ser un error fatal.
Las imágenes del colapso del régimen de Al Assad son tan reveladoras como inevitables en casos como este. La prepotencia y el abuso del poder se disuelven rápidamente en un caos de «sálvese quien pueda». Los aeropuertos se llenan de “enchufados” huyendo con maletas llenas, los soldados leales son abandonados a su suerte, los palacetes se quedan vacíos, y los servidores más fieles son olvidados como herramientas desechables.
Curiosamente, apenas el lunes 2 de diciembre, el régimen sirio publicó un comunicado en el que afirmaba que Nicolás Maduro había llamado a Al Assad para ofrecerle su “respaldo” ante la ofensiva de los “terroristas”. Por supuesto, nada más vacío que ese gesto. Imaginamos aquella llamada entre dictadores: Maduro prometiendo un apoyo que nunca llegaría a Damasco, mientras en Washington sus propios lobbistas suplican por acuerdos y favores con Estados Unidos.
Lo más ridículo es que, pocas horas antes de su huida, Al Assad intentó negociar con Estados Unidos, ofreciendo romper sus lazos con Hezbollah e Irán si lo dejaban mantenerse en el poder. Ni sus propias alianzas lo respaldaron en el momento crítico.
Maduro, como siempre, trató de usar la tragedia de Siria para reforzar su discurso de “lucha antiimperialista”, pero solo dejó en evidencia su desconexión de la realidad. Al Assad ya no podrá contestarle el teléfono desde Damasco, y la pregunta que queda flotando en el aire es: ¿quién será el próximo?
Como bien suele decir el propio Maduro: “El que se acerca, se seca”. Siria es un espejo para Venezuela. La historia está en movimiento, y los dictadores como Maduro deben recordar que la prepotencia no es eterna. El destino de Al Assad es una advertencia de lo que ocurre cuando el poder se usa para oprimir, y no para servir. La caída de uno siempre anuncia el ocaso de otros.
Victor Julio Escalona
Editor.

